Planificación 18 ago 2026 · 3 min de lectura
Cuando una expedición deja de tener sentido
Suprimir una salida de autobús es una de las decisiones más impopulares que puede tomar una autoridad de transporte. También es una de las que peor se documenta. Así la abordamos nosotros.
Hay una conversación que se repite en casi todos los consorcios pequeños con los que trabajamos. Alguien saca una hoja de cálculo, señala una expedición de las siete y media de la tarde y dice: «esta va vacía». Y a partir de ahí, la discusión se convierte en una cuestión de fe.
Unos defienden que suprimirla ahorra dinero. Otros, que quien la usa no tiene alternativa. Casi nadie tiene delante el dato que zanjaría el asunto, porque ese dato no se ha recogido nunca.
Vacío no es lo mismo que inútil
Una expedición con tres viajeros puede ser prescindible o puede ser imprescindible. Depende de tres cosas que rara vez aparecen en la hoja de cálculo:
- Quién viaja. Tres personas que vuelven del hospital comarcal no son lo mismo que tres personas con coche que ese día decidieron no cogerlo.
- Qué pasa si desaparece. Si hay otra salida cuarenta minutos después, la supresión es un inconveniente. Si es la última del día, es un aislamiento.
- Cuánto cuesta realmente. El coste marginal de una expedición dentro de un servicio ya dimensionado no es el coste medio por kilómetro que sale de dividir el contrato entre los kilómetros totales.
Cuando esos tres factores se ponen encima de la mesa, la decisión deja de ser ideológica. A veces la expedición se suprime igual. Pero se suprime sabiendo a quién afecta y con qué se le compensa.
Nuestro procedimiento
Antes de proponer la supresión de cualquier salida, hacemos siempre lo mismo:
- Medir durante un periodo completo, no una semana. La estacionalidad engaña; una expedición que va vacía en noviembre puede ir llena en junio.
- Cruzar con equipamientos. Hospitales, centros de salud, institutos, polígonos y residencias marcan patrones que la ocupación media esconde.
- Calcular el coste marginal real, separando el coste fijo de flota y personal del coste variable de esa salida concreta.
- Diseñar la alternativa antes de retirar el servicio. Un servicio a demanda, un enlace coordinado o un refuerzo en otra franja. Nunca la nada.
- Documentar la decisión, con su justificación técnica firmada. Esto protege a quien la firma y permite revisarla dentro de un año con criterio, no con memoria.
El coste político de suprimir una expedición mal justificada es siempre mayor que el ahorro económico que produce.
El indicador que falta
En casi todos estos procesos aparece el mismo agujero: sabemos cuánta gente viaja, pero no cuánta gente quiso viajar y no pudo. La demanda no satisfecha es invisible en un sistema de línea fija, porque quien no encuentra un horario compatible sencillamente no aparece en ninguna estadística. Coge el coche, o no hace el viaje.
Ese es, en nuestra experiencia, el mejor argumento para introducir una capa de servicio flexible: no tanto por el ahorro inmediato, sino porque por primera vez se empieza a ver la demanda entera. Y con la demanda entera delante, la conversación sobre qué expediciones sobran deja de ser una cuestión de fe.
Rainer
Dirección · Avionline
Este blog está abierto a firmas externas: técnicos de consorcios y ayuntamientos, personal de operadores, investigadores y profesionales de la administración. Publicamos con su nombre, sin e…